Deshaces la maleta una vez, no tienes que buscar cada día un restaurante para niños y el barco ya tiene actividades para casi todas las edades funcionando en segundo plano.
Por qué muchas familias lo prefieren a un viaje tradicional
- Deshaces la maleta una sola vez: sin cambiar de hotel ni volver a empacar cada pocos días
- Los clubes infantiles y las actividades supervisadas les dejan tiempo libre a los adultos sin planear nada extra
- Las comidas están incluidas en buena parte, y eso elimina una decisión (y un gasto) diaria que casi toda familia enfrenta en un viaje por tierra
- Un paisaje nuevo cada día o cada dos, sin que nadie tenga que manejar, tomar vuelos o buscar cómo llegar
Qué tener en cuenta al planear
Con niños, el tamaño del camarote importa más de lo que la mayoría imagina: camarotes comunicados o una suite un poco más grande pueden hacer una gran diferencia en comodidad. También conviene revisar la edad mínima de los clubes infantiles y de las actividades que te interesan, porque cambia según el barco.
Y piensa en las fechas desde el principio. En muchos países de la región, las vacaciones escolares largas caen entre diciembre y febrero —justo en la temporada de cruceros por Sudamérica— y muchas familias también aprovechan las vacaciones de invierno de julio. Son las fechas más buscadas, así que reservar con tiempo te da más camarotes para elegir.
Cómo hacerlo más accesible
Los viajes en familia suelen planearse con más anticipación que una escapada individual, y eso aquí juega a tu favor: si reservas con 270 días o más antes de la salida, los Reward Points (puntos de recompensa) pueden cubrir hasta el 100 % del precio del crucero, en lugar de hasta el 50 %.
